Ninguna empresa nos llamó porque todo iba bien
En 2017 el trabajo era casi siempre el mismo: alguien había construido un sistema con prisa, el equipo que lo hizo ya no estaba y la empresa dependía de él para facturar. Nos tocaba entrar, entender qué hacía realmente y devolverlo a un estado en el que se pudiera tocar sin miedo.
De ahí salió todo lo demás. Primero la arquitectura, porque rescatar sin rediseñar solo aplaza el problema. Después el mantenimiento y la guardia, porque un sistema que entregas y abandonas vuelve a romperse. Y por último la automatización, porque la mayor parte del coste operativo de nuestros clientes estaba en tareas que ningún humano debería estar haciendo.
Cómo crecimos, año a año
Cada etapa apareció porque un cliente nos pidió algo que todavía no sabíamos hacer bien. Ninguna fue una decisión de catálogo.
Rescate técnico en A Coruña
Arrancamos con proyectos heredados: código sin documentar, servidores sin dueño y negocios que no podían pararse mientras los arreglábamos.
Del encargo suelto al equipo estable
Dejamos de vender horas sueltas. Empezamos a diseñar la arquitectura antes de escribir código y a cerrar alcance y precio por adelantado.
Salto a Latinoamérica
Buena parte de la cartera pasó a estar al otro lado del Atlántico. El equipo aprendió a trabajar en remoto con husos, monedas e integraciones locales distintas.
Mantenimiento y guardia técnica
Entregar y desaparecer no funcionaba. Montamos monitorización, SLAs y guardia para que el sistema siga siendo nuestro problema después del despliegue.
Automatización e IA aplicada
Quince ingenieros y una idea que no ha cambiado: quitar del medio el trabajo repetitivo y dejar el criterio en manos de personas.
Quien responde tu correo es quien escribe el código
No hay una capa comercial entre tú y el equipo técnico. El núcleo lleva años trabajando junto; el resto de la plantilla se organiza por proyecto en célula de diseño, backend y operación.
Seis reglas que no negociamos
No son valores de folleto: son las condiciones bajo las que aceptamos un proyecto. Si alguna no encaja con tu organización, mejor decirlo el primer día.
Ya sabes quiénes somos.
Cuéntanos qué falla.
El briefing lo lee un ingeniero, no un comercial. Respondemos en menos de 24 horas laborables; si el sistema está caído, en menos de 2.




